Archivo mensual: octubre 2013

Cuento para los hijos de una pajarita: La tortuga

Después de varios meses de temporada sin lluvia, un buen día las nubes decidieron echar sus lagrimas a la tierra y comenzó a llover, siempre cuando tiene varios días de no llover las primeras gotas hacen que la tierra despida un olor bien rico, bien sabroso, olor oloroso y uno dice: !Que huele a tierra mojada!!

Pues eso, varios días sin llover y de repente el chaparrón, como si nunca hubiera llovido. El patio de la casa se anegó y de repente asomó el carapacho un animalito que caminaba muy despacio, parecía como un submarino que emergía del océano.

Luego apareció su cabecita asomando la nariz primero, dos huequitos en la punta y una bocaza que hay que tener miedo, son capaces de morder un dedo y sacar sangre. Una vez que salió del montón de agua se encontró con una lagartija. Las lagartijas tienen un nombre elegante pero en chiquito. Por un lado, hay lagartos que son animalones que viven en los ríos y hay lagartijas, cosa chiquita. Esta era verde con moradito, una bien bonita y hablantina, no como la tortuga:

– Señora tortuga, ¿ya sintió el diluvio?

– ¿diluvio? No, unas cuántas gotas que han llamado a humedecer la tierra.

– Pero… ¿no le parece que es mucha lluvia?

– No, lo que me parece es que se había tardado mucho el agua en caer. Los aguaceros deben ser todos los días, y así podríamos vivir mejor.

La lagartija se quedó mirando con cierto asombro, los ojos se le salían y las patas se le estiraban. Pensaba ella que el agua que había caído era demasiado y que era bien molesto tener que caminar por donde había mucho lodo, las patas se le llenaban de tierra que arrastraba hasta su casa. Se dijo así misma: No todos vemos las cosas de igual manera.

La tortuga siguió dando sus grandes pasos, aletargados y lentos, arrastrando lodo, agua y lo que fuera en las pezuñas. Se encontró con una hormiga y conversaron:

– Tortuguita… ¿se ha fijado que ha llovido?

– Como no, un poco, un poquito

– Menos mal que ya habíamos llenado de comida nuestra casa, así no nos agarra el invierno desprevenidas

– ¿De verdad? ¿necesitan guardar cosas?

– Sí, así siempre tendremos.

La tortuga se quedó pensando… ¿siempre tendremos? Eso quiere decir que hay gente que guarda comida para tener en el futuro, y otras como yo, que vivimos con lo que hay.

La tortuga siguió en su camino y se encontró con un gato, que la miró como venía caminando muy despacito. Y le dijo:

– Tortuga, ¿para donde va así?

– Voy corriendo para alejarme un poquito del agua.

– ¿Corriendo? Vaya, iba a decirle que se apurara, pero veo que ya va corriendo como dice usted

– Sí me canso, pero no puedo detenerme

Y se fue. El gato se quedó pensando… Vaya, hay unos que van despacio y piensan que corren. Otros van corriendo y piensan que van despacio…

Mas tarde, se juntaron la lagartija, la tortuga, el gato y la hormiga y platicando se dijeron:

¿Verdad que cada uno de nosotros es diferente? No podemos compararnos el uno con el otro, cada cual tiene su propio brillo.

Decidieron dejar de compararse, no era necesario pues eran diferentes.

 

 

 

 

 

 

 

 

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