Me ofrezco de voluntario para sacrificarme por la patria…un cuento de juliomartinez

Uno de diciembre

– Este país nuestro está caminando a la deriva. No es posible que un solo hombre haya hecho que demos vuelta y nos pongamos cabeza abajo en tan poco tiempo. Tomás, tenemos que buscar la forma de resolver esto.

– Sí, tenes razón. Para eso hemos trabajado, para darle vuelta a esto y no para que siga así. Que me importa a mí, que el profesorcito ese de escuelita de pueblo, haya salido corriendo hasta Honduras, allá que se quede si quiere.

La conversación no se tenía por la primera vez, ya antes, en medio de algunos tragos, se había conversado en voz alta sobre este asunto. En realidad, había muchos que solo esperaban que se diera la orden para buscar como sacar al Ingeniero del poder. El ingeniero que solo tenía buenas ideas, el ingeniero al que le faltaban huevos, el ingeniero que no mandaba a nadie.

– Entonces, que decís… ¿les digo a los jefes que nos preparemos?

– Bueno, lo primero será que nos tomemos Infantería y desde ahí, le damos el golpe. Nadie nos va a decir nada, cuando vengan a darse cuenta, ya estamos adentro.

– Como vos mandes.

Esa noche, Tomas habló por telefono con los que consideraba leales a él y a Max, y les pidió reunirse al instante. Todos, excepto dos no asistieron y él explicó a todos de que se trataba y de la intencion de compartir el botín, es decir el poder con los que ayudaran.

Beto dijo: “Todos mis soldados están conmigo, no hay ningún problema”. Los demás fueron diciendo lo mismo, palabras mas o menos, pero lo mismo.

Dos de diciembre

El sol comenzó a iluminar la ciudad prontamente. Las carretas, y los primeros carros se pasearon por la elegante ciudad. Las vendedoras de pan dulce, pan francés, y frutas estaban en las calles. La Molina ya había salido para su trabajo, dejando a sus cipotes en la Escuela de Tenancingo, y había pasado por el cuartel dejando los encargos.

Max, que pasó pensando toda la noche en su estrategia, pidió que le hablaran a Canizales: Diganle a Joaquín que el debe estar conmigo, quiero que haga un reportaje bonito y creíble, por si acaso hay que serenarse a alguno.

La fortaleza que era el Cuartel de Infantería, estaba totalmente almenada y con altos garitones en sus cuatro esquinas. Esto quedaba en pleno centro de San Salvador. Enfrente de Infantería estaba la Casa Presidencial, que con el correr de los años se convertiría en la Escuela Normal España (esta escuela pasaría luego a estar al lado de la UES) y posteriormente en la Biblioteca Nacional. Después, como por caprichos del destino, pasa a ser casa de comerciantes ambulantes, casi como es casa presidencial hoy mismo.

A la noche siguiente, las luces se fueron pagando, los comendantes, capitanes y coroneles, tomaron sus posiciones detras de los soldaditos. En Casa Presidencial ya se había sabido el “secreto”, así que policías y guardias nacionales estaban rodeando los garitones de infantería en la octava avenida y la primera calle.

Joaquín, con bandera en mano, empezó a tranquilizar a los soldaditos, diciéndoles :” En nombre de esta bandera nuestra, que representa a nuestra amada patria, la que ha sido secuestrada por unos comunistas, que han comprometido la libertad, la soberanía y la democracia, nos hemos levantado, para recuperar el poder y recuperar la confianza en nuestros generales, coroneles y capitanes”.

Y así, se fue ganando confianza, el teniente Platero puso unas ametralladoras en dirección al parquecito de la Iglesia de San José, y en la otra esquina el Sargento Morales hizo lo mismo, apuntando directamente a la Casa Presidencial; el sargento Cruz Navas hizo lo mismo, pero en el garitón de la calle Delgado y la décima, y el teniente Mendoza en la esquina de la primera y décima. Todo cubierto. En Casa Presidencial, todo era temor, temblor, miedo, angustia… el Ingeniero decía, “ya me voy de aquí, no puede ser, no puede ser…. nos van a matar a todos, hablemos a los cuarteles, donde hay gente nuestra, hablemos al Zapote, hablemos al San Carlos…”

– Sí, ya vamos a hablar, le respondían. Nadie le hacía caso. Solo la Policía y la Guardia osaban enfrentarse a los militares, y el enfrentamiento duro poco, muy poco.

En la mañana siguiente, Max reunió a todos los militares de mandos superiores y les ordenó:

– Hoy organizaremos un Directorio Militar que conduzca la nación, pero pronto, rápidamente, debemos contar con un Presidente, y recuerden, aquí estoy yo, que me ofrezco voluntariamente para sacrificarme por la patria…

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