Archivo mensual: febrero 2012

El cadejo, un cuento de juliomartinez

Gonzalo venía contento de la gasolinera, había logrado vender lo suficiente como para tener un bonito fin de semana.

Llego a la casa, y abrazo a su mujer, la Sylvia, quien, contenta también como correspondía, abrazaba a su marido.

Era el 12 de diciembre de 1933, y la ciudad apenas daba un atisbo a lo que sería 79 años mas tarde. Entonces, San Salvador tenía muchas callecitas de piedra, callejones sin salida, focos de 60 watts coronados por un sombrero de lamina, y muchas historias contándose en la pequeña urbe.

La frontera de San Salvador era y siempre fué, al oriente la avenida Independencia y al otro lado, al poniente, la Plaza de Las Américas, en la que después se establecería el elemento identitario de los salvadoreños más común y compartido, El Salvador del Mundo.

En la más grande plaza de San Salvador, se establecía el punto de llegada de Santa Tecla, el drive inn La Campana y las últimas casas del final de la Alameda Roosevelt, que todavía tenía un jardincito al medio, casi como el Paseo de la Castellana, en Madrid.

En la Plaza de Las Américas también estaba una pequeña gasolinera, la Esso Las Américas, ahí era donde mandaba Gonzalo Ayala, y ahí era donde precisamente, el día había estado bueno.

Era noche de sábado, noche de celebrarlo. Así que la Sylvia llamó a Víctor y a Julio, y les dijo:

– Vaya muchachos, vamos a cenar, pero Chalo quiere comerse unos panes de los Migueleños, así que hay que ir a comprarlos.

– Bueno, vamos pues!- Vamos Víctor, le dijo el hermano menor. Así comemos pan con pollo hoy.

Los dos cipotes pidieron el dinero y se fueron corriendo desde la casa en el zanjón Zurita, hasta la 6a calle, ahí por donde don Justo, a la par estaba la venta de los panes migueleños, panes con pollo, berro, tomate, rabano y salsa especial que le daban un toque de delicia.

Llegaron y pidieron 6 panes, de los más grandes. Los hicieron esperar unos diez minutos, mientras despachaban  a los mas viejos que habían llegado antes, y que se enojaban si no los despachaban rápidamente.

Con los panes en la mano, metidos en una bolsita mediana de las Lintorrey, salieron en una carrerita de regreso.

La Sylvia estaba en la calle, sobre la 4a, en la esquina, esperando que aparecieran los bichos. Los vio emerger de la esquina como un soplo, mientras ella era apenas alumbrada por el incipiente foquito de la 12 avenida.

Su mirada se estiró un poco, fue despacio buscando acercarse a los dos muchachitos para encontrarlos, mientras el perro blanco que los acompañaba se iba quedando quedito, atras.

Los agarró a los dos de la mano y presurosa entro a la casa

– Que te pasa mamá? Preguntó Julio, el más avispado.

– Hijitos, ustedes no saben que venían bien cuidados, a saber desde dónde venía el cadejo caminando con ustedes

– jajaja!! esta mi mamá, el cadejo es un chucho blanco que camina a la par de uno, y nosotros veníamos solos…

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Lo que hacen algunas mujeres: Oración a San Antonio

Ahora, Señor, que me dispongo a dormir, rezo con mucha fe para que Me concedas un hombre que no sea feo, que sea inteligente, carinoso, fuerte, comprometido y lindo.

También compositor y poeta, y con mucho humor del que yo pueda entender.

Que le guste quedarse horas escuchandome , que piense antes de hablar y diga la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad.

Que le gusten mi familia y amigos, el fútbol no.

Que no ronque y orine sentado. Que cuando diga que va a llamar no me haga esperar… y llegue a la hora en punto a casa y sin olor a jabón chiquito.

Que yo sepa siempre donde esta, menos cuando me anda comprando flores y regalos o contratando serenatas.

Que cuando diga que vamos a salir me de 3 horas para arreglarme, se desmaye de emoción cuando me vea, que baile mejor que Latín Lover… y nunca me salga con que vamos a estar con sus amigos… Rezo para que tenga un empleo muy bien remunerado, que sea bien detallista y generoso y que cuando me gaste su dinero, no se moleste.

Que, en la mesa, me retire el asiento y me abra la puerta del auto y que sepa hacerme masajes en la espalda y que siempre, siempre… me vea flaca.

Que no tenga ojos para ninguna otra mujer, que siempre me diga lo bella que me veo y la suerte que tuvo de encontrarme. Te rezo por el hombre que me va a amar hasta la muerte! Amen. 

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El Pájaro Zuahz

Nos cuenta que una mañana Chaac, el señor de la lluvia sintió deseos de ir a pasear, y recorrer los campos de El Mayab. Salió contento, listo para encontrar los cultivos fuertes y crecidos, pero se sorprendió al ver que las plantas estaba débiles y la tierra seca. Esto lo preocupó muchísimo , y luego de pensar un largo rato, encontró una solución quemando todos los cultivos para que la tierra recuperara su riqueza y las nuevas siempre fueran buenas.

Así fue como Chaac le pidió a un sirviente que llamara a los pájaros de El Mayab.

El primero que llegó fue ZUAHZ, un ave de ojos cafés. Se acomodó en su rama cuando llegó Toh, un pájaro negro que tenia la cola llena de plumas hermosas. El toh se puso al frente donde todos pudieran verlo. Así fueron llevando el resto de las aves. Chaac les dijo: Las llamé porque quemaré los campos y necesito que salven las semillas de las plantas, ya que es la única forma de salvarlas y sembrarlas nuevamente.

El pájaro ZUAHZ pensó: Voy a buscar la semilla del maíz, creo que es la mas importante.

El pájaro Toh pensó: Tengo que cuidar la semilla del maíz, todos van a envidiarme si la encuentro yo antes.

Así fue como las dos aves salieron en su búsqueda, pero el Toh vio al ZUAHZ y quiso adelantarse. Así se atravesó en su camino y lo empujó para quedar primero. Al ZUAHZ no le importó y se fue calmo, decidido a cumplir su idea. El Toh voló tan rápido que se agotó cuando llevaba mucha ventaja, y se dijo: “Voy a descansar un poco, al final llegaré antes que todos, total están lejos”.

El ave se recostó y se quedó dormida. Así fue pasado por las otras aves, y como era de noche ya no veían a Toh, por lo cual éste se despertó por los pisotones. Los pájaros habían llegado a donde deseaban, la mayoría tomó la semilla que mas cerca estaba, porque el fuego era intenso. Faltaba solo el maíz, y el ZUAHZ voló desesperado sin poder verla. Ahí llegó el Toh, y cuando vio las llamas se olvidó del maíz y buscó tomar otra semilla. Sin embargo el ZUAHZ no se cansaba de buscar sin importar que sus alas se quemaran, cuando halló los maizales tomó uno de los granos. El Toh no pudo mas que admirarlo y se acercó a felicitarlo.

 Así, las aves se dieron cuenta de que habían cambiado: los ojos del Toh no eran ya negros sino verdes como el tomate que salvó. Y el ZUAHZ quedó con las alas grises y los ojos rojos, por el fuego. Chaac y las aves reconocieron la hazaña de ZUAHZ y lo premiaron. El Toh propuso que se le diera un derecho especial:

“Ya que el ZUAHZ hizo algo por nosotros, ahora debemos hacer algo por él. Yo propongo que a partir de hoy, pueda poner sus huevos en el nido de cualquier pájaro y que prometamos cuidarlos como nuestros”.

Esto fue aceptado, y se cumple la promesa hasta el día de hoy. El ZUAHZ no se preocupa en encontrar hogar, solo grita su nombre cuando elige un nido y los pájaros están dispuestos a cumplir su promesa.

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Santa Rita, ritual para enamorados

Se adquirirá un escapulario de Santa Rita, y se guardará en algún lugar de la casa. Seguidamente cogeremos una pequeña botellita de agua y nos dirigiremos a siete iglesias diferentes, todas ellas lógicamente pertenecientes al mismo credo religioso.

En cada una de ellas, recogeremos un poquito de agua bendita, la cual iremos guardando en el pequeño recipiente.

Una vez tengamos toda el agua bendita de las siete iglesias, cogeremos un poco de lacre rojo, para lacrar para siempre la botella.

Recordamos que el lacre puede adquirirse fácilmente en cualquier tienda de velas y velones. Una vez lacrada, pondremos la botellita sobre la estampa de Santa Rita que antes hemos mencionado, y recitaremos una de las plegarias más conocidas y que ha pasado a ser de dominio popular, a veces en plan de chanza:

“Santa Rita, Rita,

lo que se da no se quita, por el poder santo

que confiere el agua bendita. “

 Esta pequeña oración solo debe ser dicha una vez, mirando fijamente la estampa, y seguidamente envolveremos la botellita con el agua y la estampa sagrada, en una pequeña bolsa blanca,
También podemos hacer un sencillo ritual que nos servirá para conservar a la persona amada, y que por su simpleza, creemos merece ser conocido. a poder ser de algodón, aunque también sirven las de fibra sintética.

Se cogerán dos palos de diferentes árboles, y que tengan unas medidas próximas a los quince centímetros. A continuación se escribirá en un papel, el nombre de cada una de las personas que han de vivir siempre unidas, para seguidamente atar los dos palitos y el nombre de la persona con una cinta que tiene que ser de color azul si el oficiante es un hombre, y de color rosado si ésta es una mujer.

Una vez hecho esto, se guardará el paquetito en cualquier lugar de la casa, procurando siempre, que NADIE LO TOQUE.

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El tizón, un cuento de juliomartinez

Ya eran las cuatro de la mañana, y la Jacinta había escuchado al gallo con cierta displicencia, y ¿quién se iba a querer levantar en día domingo? Menos en un pueblo tan silente como mal hablado, como era Atiquizaya.

Ve, ni las vacas ni las gallinas buscan levantarse temprano, mas bien al contrario, siempre andan buscando el sábado en la noche, un lugar donde al día siguiente no dé el sol.

De todos modos, pues, había que levantarse, a socarla, como quien dice.

Se fue a la pila y se lavó las manos. Entró al baño y después de haber terminado, volvió a lavarse, secándose con la toalla rosada pálido, que estaba colgada. Pensó que no había que hacer ruido, para qué levantar a los demás, si de todos modos, nadie le iba a ayudar a encender el fuego, que para eso, no se necesitan dos, solo uno.

Se fué a la cocina, y encendió el fuego, puso el café y se dispuso a calentar los frijoles, de manera que estuvieran listos para el primero que se levantara. Podían ser pobres, pero por frijoles, nadie lo iba a ahuevar, ve chis.

Hasta que el calor hizo insoportable el encierro, decidió abrir la ventana para dejar entrar el frío de la madrugada, ya iban a dar las cinco y estaba inusualmente oscuro. Asomó a la ventana y vio que a media cuadra, como del lado de Turín, venían dos mujeres platicando con sus cántaros en la cabeza.

– Achis, y estas ¿quienes son? ¿y de donde vienen de acarrear agua? ¿o no es agua lo que traen?

Así se fue haciendo varias preguntas, hasta que las dos mujeres, se fueron acercando a su ventana.

-Buenos diyasledediossss, sonó la voz de una de ellas…

– le de diossssss… repitió la otra.

– Buenos días, les respondió la Jacinta.

– Mire -dijo la primera- será que me regala fuego?

– Fuego?

– Sí, presteme un tizón, para encender un mi cigarro, que me gusta humar de mañanita…

– Ahh, como nó.. pereme…

Jacinta dió la vuelta y a pesar del calor sintió un “calosfrío”, como ella decía cada vez que le daba un temblorcito en la columna vertebral. ¿Que me pasa? se dijo. Agarró un tizón y regresó a la ventana donde había dejado a las dos mujeres. Sorpresa, ya no había dos sino que una, cuya mirada era tapada por la sombra que le daba el cántaro.

-Vaya aquí está… La mujer sacó un cigarro quién sabe de donde, y agarró el tizón, le dirigió la mirada a Jacinta que mirando el rojo del carbón en la punta del tizón, sintió un punzón en esa mirada, se fijó en ella y se dió cuenta que el color de los ojos era del mismo color del tizón

– Huyyyyyysssshhh esto no es de esta vida!!!

– Jaajajajajajajajaaaa… jajajajajajajaja… jajajajajajajajaja!!

La mujer salió corriendo, con el cántaro en la cabeza y dándole vueltas con la mano al tizón encendido. La Jacinta cerró rapidito la ventana y salió gritando para dentro, como loca.

Hoy, después de 25 años que pasó eso, todavía la Jacinta, de vez en cuando mira unos ojos como tizones en las madrugadas,

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El cuento de la cuenta del maíz de Tío Conejo, un cuento mesoamericano

Una vez fue el tío Conejo a pedir dinero a la cucaracha, a cuenta, del maíz que el iba a cosechar. La cucaracha le dio el dinero y quedaron en que la entrega del maíz iba a ser cierto día. Así quedaron. Pero el dinero no le duró ni un día al tío Conejo.

Entonces fue a ver a la gallina y le pidió dinero a cuenta del maíz. La gallina se lo dio y Conejo le dijo que fuera a recogerlo cierto día, el mismo que le había dicho a la cucaracha. Otra vez se le acabó el dinero al tío Conejo. Entonces fue a ver al coyote y pasó lo mismo. Se le acabó de vuelta el dinero y fue a ver al cazador. El cazador le dio el dinero y quedó de ir por el maíz el mismo día en que irían los animales.

Llegó el tiempo de la cosecha y el día fijado se presentó la cucaracha y le dijo al tío Conejo: “Ya vengo por el maíz que tratamos”

El tío Conejo le contestó:

“Si, pero espérame tantito, porque acaba de nacerle unos conejos a mi mujer. Escóndete allí, no te vaya a comer”

La cucaracha se escondió debajo de una basurita, cuando en eso llegó la gallina por su maíz.

“Pues si” le contestó Conejo, “pero espérame tantito, mientras, ¿no quieres comer algo? Mira, levanta esa basurita…”

La gallina levantó la basurita y se comió a la cucaracha, entonces Conejo le dijo a la gallina que se metiera debajo de una canasta, porque iba a llegar el coyote. En eso, llegó el tío coyote.

– Vengo por la cuenta del maíz

– Puesí, perame un momento, mientras te voy a dar de comer, mira, levanta esa canasta a ver que encontrás.

Luego el tío Conejo le dijo al coyote que se escondiera entre unas matas porque iba a venir el cazador.  Al ratito llegó el cazador con su rifle y su perro diciendo:
– Vengo por el maíz que tratamos.
Y Conejo le contestó:
– Si, ya te lo voy a dar pero espérame tantito. Mientras, dispara a esas matas.

Y que le enseña el lugar donde estaba el malvado coyote, y lo mata el cazador. Entonces Conejo le dijo: “Vamos por el maíz. Está lejos, en el cerro”.

Y se fueron caminando hasta un barranco bien hondo, que si una persona caía, no podía salir. Ahí estaba atravesado un palito podrido. Conejo se paró sobre el palo y no le pasó nada al puente. Entonces, el cazador puso un pie sobre el palo y solo se oía tronar lo podrido.

– Nooo, yo no paso por aquí, si está podrido.

– Nombe, no ves que así suena este palo de por sí.

Y cruzó varias veces el tío Conejo muy contento y brincando., animando al cazador.

Entonces, el cazador se subió y a la mitad del puente, crashhh! se trozó el palo podrido, y el cazador fue a dar hasta abajo!

Ahí termina el cuento y también termina la cuenta del maíz de tío Conejo.

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Me ofrezco de voluntario para sacrificarme por la patria…un cuento de juliomartinez

Uno de diciembre

– Este país nuestro está caminando a la deriva. No es posible que un solo hombre haya hecho que demos vuelta y nos pongamos cabeza abajo en tan poco tiempo. Tomás, tenemos que buscar la forma de resolver esto.

– Sí, tenes razón. Para eso hemos trabajado, para darle vuelta a esto y no para que siga así. Que me importa a mí, que el profesorcito ese de escuelita de pueblo, haya salido corriendo hasta Honduras, allá que se quede si quiere.

La conversación no se tenía por la primera vez, ya antes, en medio de algunos tragos, se había conversado en voz alta sobre este asunto. En realidad, había muchos que solo esperaban que se diera la orden para buscar como sacar al Ingeniero del poder. El ingeniero que solo tenía buenas ideas, el ingeniero al que le faltaban huevos, el ingeniero que no mandaba a nadie.

– Entonces, que decís… ¿les digo a los jefes que nos preparemos?

– Bueno, lo primero será que nos tomemos Infantería y desde ahí, le damos el golpe. Nadie nos va a decir nada, cuando vengan a darse cuenta, ya estamos adentro.

– Como vos mandes.

Esa noche, Tomas habló por telefono con los que consideraba leales a él y a Max, y les pidió reunirse al instante. Todos, excepto dos no asistieron y él explicó a todos de que se trataba y de la intencion de compartir el botín, es decir el poder con los que ayudaran.

Beto dijo: “Todos mis soldados están conmigo, no hay ningún problema”. Los demás fueron diciendo lo mismo, palabras mas o menos, pero lo mismo.

Dos de diciembre

El sol comenzó a iluminar la ciudad prontamente. Las carretas, y los primeros carros se pasearon por la elegante ciudad. Las vendedoras de pan dulce, pan francés, y frutas estaban en las calles. La Molina ya había salido para su trabajo, dejando a sus cipotes en la Escuela de Tenancingo, y había pasado por el cuartel dejando los encargos.

Max, que pasó pensando toda la noche en su estrategia, pidió que le hablaran a Canizales: Diganle a Joaquín que el debe estar conmigo, quiero que haga un reportaje bonito y creíble, por si acaso hay que serenarse a alguno.

La fortaleza que era el Cuartel de Infantería, estaba totalmente almenada y con altos garitones en sus cuatro esquinas. Esto quedaba en pleno centro de San Salvador. Enfrente de Infantería estaba la Casa Presidencial, que con el correr de los años se convertiría en la Escuela Normal España (esta escuela pasaría luego a estar al lado de la UES) y posteriormente en la Biblioteca Nacional. Después, como por caprichos del destino, pasa a ser casa de comerciantes ambulantes, casi como es casa presidencial hoy mismo.

A la noche siguiente, las luces se fueron pagando, los comendantes, capitanes y coroneles, tomaron sus posiciones detras de los soldaditos. En Casa Presidencial ya se había sabido el “secreto”, así que policías y guardias nacionales estaban rodeando los garitones de infantería en la octava avenida y la primera calle.

Joaquín, con bandera en mano, empezó a tranquilizar a los soldaditos, diciéndoles :” En nombre de esta bandera nuestra, que representa a nuestra amada patria, la que ha sido secuestrada por unos comunistas, que han comprometido la libertad, la soberanía y la democracia, nos hemos levantado, para recuperar el poder y recuperar la confianza en nuestros generales, coroneles y capitanes”.

Y así, se fue ganando confianza, el teniente Platero puso unas ametralladoras en dirección al parquecito de la Iglesia de San José, y en la otra esquina el Sargento Morales hizo lo mismo, apuntando directamente a la Casa Presidencial; el sargento Cruz Navas hizo lo mismo, pero en el garitón de la calle Delgado y la décima, y el teniente Mendoza en la esquina de la primera y décima. Todo cubierto. En Casa Presidencial, todo era temor, temblor, miedo, angustia… el Ingeniero decía, “ya me voy de aquí, no puede ser, no puede ser…. nos van a matar a todos, hablemos a los cuarteles, donde hay gente nuestra, hablemos al Zapote, hablemos al San Carlos…”

– Sí, ya vamos a hablar, le respondían. Nadie le hacía caso. Solo la Policía y la Guardia osaban enfrentarse a los militares, y el enfrentamiento duro poco, muy poco.

En la mañana siguiente, Max reunió a todos los militares de mandos superiores y les ordenó:

– Hoy organizaremos un Directorio Militar que conduzca la nación, pero pronto, rápidamente, debemos contar con un Presidente, y recuerden, aquí estoy yo, que me ofrezco voluntariamente para sacrificarme por la patria…

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