Mincho, un cuento de Rigal

RiGal nacio en la ciudad de Ahuachapan, a principios de la decada de los sesentas. A finales de los setentas se mudó a California, donde estudio Comunicaciones y Arte Gráfica. En su tiempo libre disfruta leer y escribir cuentos relacionados con la cultura cuzcatleca. Actualmente vive y trabaja en el área de la Bahia de San Francisco fundador del grupo de Amigos Guanacos y activo en obras sociales de la comunidad Salvadoreña.


“Gracias a mi padre y a mi madre por haberme brindado de su amor y de su sabiduria”.

“MINCHO”

En el viejo barrio donde vivía, muy cerca del mercado, se
paseaba un cipote, a quien todos conocian por “Mincho”, tenia talvéz unos diez años y estaba en tercer grado. Mincho era hijo de la niña Chana, la que vendía repostería de un canasto en la entrada aquel viejo mercado.

A su corta edad Mincho era muy fuerte, pues se ganaba sus centavos acarreando bultos a la terminal, su cuerpo mas bien parecia el de un adulto gracias a su definicion muscular. En el turno de la tarde de la escuela “Alfredo Espino” lo veía, en la hora del recreo, siempre coscorroneando a algún cipote, o jugando lleva. Los profesores lo despreciaban porque era muy malcriado y muy “salído”, aparte que debido a su pobreza, siempre andaba con vestimenta vieja y desteñida.

-“No te metas con ese Mincho…” secreteaban los cipotes bien peinados.

-“Benjamín Cabrera”

-“Aqui presente ‘ticher’ para servirle a ‘usté’ y a toda su familia” – respondía en tono de burla y con una sonrisa torcida en la boca. El profesor, miraba sobre sus bifocales con una mirada de fastidio y un tanto amenazante al pobre muchachito, agregando una cruicita mas a su lista, quien tenía mas rayitas que crucitas en su linea.

Don Jorge, el director, fruncía la cara al verlo correr por el angosto patio de aquella vieja escuela, y amenudo, lo mirábamos pasar con la correa en una mano y la oreja de Mincho en la otra a medio patio.

El pobre Mincho nunca estrenaba, ni siquiera en Viernes santo, siempre con sus pantaloncillos que una vez fueron de color kaki, los de trabajo, los de paseo, los de la escuela, los de dormir, en su quinto remiendo. Sus zapatos “destrompádos” y su camisa de nylon con solo dos de seis botones de diferentes colores. Su cabello puerco espín y siempre “chapudo” de tanto “relinchar”.

El mejor en las burucas, el primero en las tushquedas, el ganador del “palo encebado” y gran campeón de pizpirigaña, así de “sencillito” era el tal “Minchito”, como le gritaba su mama todas las tardes al cerrar su “puestecito”.

Las niñas se cruzaban la acera al verlo venir porque era bueno para levantar naguas y salir corriendo, las vecinas del mercado miraban de reojo al acercarse a sus ventas porque Mincho era tremendo.

Un día venia contando las tarjetas (figuras) de mi álbum del mundial, manía comun de contar las tarjetas y apartar las repetidas una y otra vez, admirando las “escasas”… cuando al dar la vuelta de la esquina, levanté la vista y me topé con Mincho y
la niña Chana, quien dulcemente me dijo,

-“va arriado niño Rico…ya por poco y me trinca”,
el Mincho entre dientes me dijo,
-“chele macaca culo con caca regalame una figura, que solo me hacen falta quince y yo se que vos tenes bastantes”

Dócil, como una res al matadero le di todas mis tarjetas a que el escogiera. Me respondio de la siguiente forma:

-“ poota jerote ya todas estas ya las tengo…” – no había terminado y la niña Chana ya le había peinado el pelo al revés de un tremendo coshco, diciéndole,

-“bicho no seya malcriado con el niño Rico, que no ve que le esta regalando las Figuras”…
-“Ay mama…si yo con este así me llevo..”. Para mi sorpresa.

Y de quince que decia que le faltaban se quedo con la mitad de mis tarjetas, las mejores, las “escasas”, pero tal acción me ganó un amigo de por vida. El escuchar chele macaca culo con caca, de la boca de Mincho era un elogio. Pues generalmente, a los niños bien portados se los sonaba, quizas en forma de expresar su resentimiento social.

La palabra ‘cerote’ estaba a flor de piel en su vocabulario, asi es que un día al llegar a casa le pregunte a mi mamá que era “cerote”, a lo que mi mama me dijo, que era una candela de cera, pero que era malo decirlo.

Apagame el cerote, María
Apagame el cerote, María…”

Pasaron los veranos y Mincho todavía en sexto grado, yo en octavo,con mi uniforme de plan básico, mientras que “Mincho-rriado” como le decían los majes de la esquina con su eterno uniforme escolar de la Alfredo Espino. solo que ya mas “pulidito” porque ya Minchorriado andaba entrando en malicia y por lo menos se peinaba.

En esos días se oyeron rumores que la niña Chana, quien me di cuenta que en realidad era su abuelita, cayo enferma ya de curcuchita y anciana que estaba.

Los doctores del hospital general no le “hallaron” lo que tenia, y en cuestión de semanas se murió, por falta de recursos y tratamiento. Al fin y al cabo, ¿quien extrañaria a aquella pobre anciana? Segun los doctorcitos haciendo su año social en aquel hospital general.

El pobre Mincho, a quien nunca se le había visto llorar, se aferraba de aquel humilde ataúd, que le habían donado las vecinas del mercado y a gritos decía NO TE VAYAS MAMACITA…Desde ese día, aquel mono ya no fué igual, porque la niña Chana era su todo. Decían otros bichos que lo vieron salir de la zapatería del Chente Cuzuco con un bote de lleno de pega…En tono malicioso. Curiosamente, era para arreglas sus “destrompados” “burros” que le habia regalado su
mama Chana para el día de su santo.

El padre Chicho, conmovido, se movilizo para que lo aceptaran en el hospicio, sin aliento ni lucha, Minchorriado accedió internarse, desanimado de la vida…ya ni en las
“ruedas” de la feria se le veía como todos los años, cuando aprovechaba a ganarse sus pesitos. O cuando menos se hacia chero de los trabajadores para ‘treparse” de “choto” a los juegos mecáanicos”.

Por aquel tiempo, llegó el circo de chocolate al pueblo, y con el por quince días, todas las distracciones tradicionales, propias del circo guanaco,.

-“..allá conocí a una vieja…que le gustaba el ‘joydoy’..”…cantaba el payaso Rabanito…

Mincho quien era eterno imitador y se sabia todas las
jayanadas de los payasos de memoria, ya no se miraba por las
calles..

En esa misma época recibí anuncio de mi partida al exterior, y sabiendo que me íba “del todo”, pensé buscar a Minchorriado para dejarle mis “Converse all-stars” y mis “levis”, pero el Padre Chicho no me dio razón y dijo que se había salido del hospicio, hacía ya un par de meses, agrego, que lo mas probable era que se haya ido con los de la feria para terminar en “huele-pega”. Mi corazón se sintió pesado, porque a pesar que nunca fuimos “cherada” eramos contemporaneos del mismo barrio. Pense, “asi es el destino” despues de escuchar la corazonada del padrecito.

Fui a la embajada en San Salvador, a tramitar el papeleo migratorio. Estando en la colonia Zacamil, en casa de un parientes, se escuchaba la bulla de un circo y algunos primos me invitaron para ir a verlo. A media función, el anunciante
del circo gritaba en voz alta:

-“Y ahora, directamente desde la ciudad de Mexicooooooooo…. BENJIIIIIIIIIIIIIIIII….” 

–Despues de tal anuncio, veo salir nadie mas y nadie menos que al tal í Mincho ! hecho un “pedo” detrás de las lonas corriendo a encender un circulo con fuego, y cuchillos apuntando hacia el centro, para luego saltar de un pequeño trampolín y cruzar el pequeño espacio como un torpedo…, en un acto atrevido y de excelente habilidad. Tras los aplausos tomo todos los cuchillos en su mano y tiro besos en señal de agradecimientos al publico, como todo un tremendo actor. (Aun me preguntaba porque decian que era de Méjico)

Tras todos los aplausos de admiración, y concluido su acto, el anunciante lo despedia diciendo:

“Un aplausooooo…para BeeNNNnnYYYiiii

Corriendo al rededor de la pista, saludando paso cerca la banca donde estabamos sentados mis primos y yo, diciendo entre dientes:

-“Chele macaca…..”

Y colorín colorado

 

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