Al final del parque. Un cuento de juliomartinez

Se miraban a los ojos de manera detenida, como buscando en las pupilas una respuesta a la pregunta consabida de los enamorados y que generalmente tiene una contra pregunta: ¿y usté?

La corta vida les había juntado y así pasaron de ser amiguitos en la escuela parvularia, a ser compañeritos en la escuelita del barrio, y luego a buscarse las manos para tomarselas con cierto temblor una vez entraron al bachillerato, a escondidas de todos pués.

Sus padres los miraban y pensaban que eran solo amigos, y que tenían una amistad entrañable.

– Mire Fermín, que alegre la amistad de los bichos, solo juntos andan

–  Sí, Rafa, es que desde pequeños andan juntos, ¿como no se van a querer?

Lo que los padres no sabían era que la amistad pasó a ser cariño. El cariño pasó a ser afecto. Y el afecto les llevó a descubrirse mutuamente en el amor. Así, en medio de los arbustos del parque Cuscatlán, se comentaban sus cosas, siempre juntitos, como si tuviesen temor de que el viento los separase.

– ¿Que pensarán tus papás Beto?

– Nada, ¿Y que van a pensar si nunca les hemos dado motivos? Te ha dicho algo a vos Don Rafael?

– No, y supongo que a vos tampoco ni tu mamá y ni tu papá.

– No, tampoco.

Y como sin querer queriendo se sentaron en una banca al final del parque en lo más oscuro de aquella tarde. Beto, atrevido, le preguntó: ¿Me das un beso Carlos?

Y Carlos se lo dió. Se tomaron de la mano y sonrieron.

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