Delincuencia en El Salvador, crónica de juliomartinez

Abordo hoy un tema repetido, no es por falta de cosas sobre las cuales escribir, en realidad hay tanto de que hablar y reflexionar: el precio de la gasolina, la basura en la capital, el puerto de Cutuco en la Unión, el precio de los alimentos básicos, la popularidad del Presidente, los desatinos de un diputado del FMLN, la marcha del 1 de junio, el inicio del mundial en Alemania… en fín, miles de cosas que acaparan la atención.

Hoy quiero escribir acerca del tema delictivo, de los muertos, de las maras y de las acciones que el gobierno no es capaz de realizar para frenar esta marejada de asesinos y asesinatos, de muertos y de familias enlutadas.

El caso es ejemplar: una señora que debido a su pobreza debio levantarse (como lo hacia todos los días) a las cinco de la mañana para ir con su pequeña cocina a elaborar pupusas a una zona industrial, donde los trabajadores llegan muy temprano para poder ganar unos dólaritos que satisfagan el ansia de supervivencia en un país donde estar vivo es un milagro. Esta señora, llega, con una muchacha y sus hijos de 7 y 9 años a rebuscarse la vida. Un vehiculo, quiza un pick up o un sedan, la espera impaciente, aunque conocedor de su itinerario.

La señora baja del pick up, empiezan a bajar los utensilios de cocina para cocinar en la calle para los obreros industriales. Los sicarios la ven, cargan sus armas que son fusiles automaticos y quiza alguna pistola, bajan del auto amenazantes. Los niños los ven bajar y se abrazan gritando como si la muerte se acercase. La señora, trata de correr, la muchacha busca agarrar a los niños, los sicarios halan el gatillo… las ráfagas suenan, la sangre corre, la calle queda desierta, las mujeres se debaten con la muerte en la acera perdiendo la lucha, los niños ya no sufren temor, han muerto. El pick up se aleja con tranquilidad, ha cumplido.

Nadie sabe que paso, suponen un asunto de drogas. Tres días después el periodico trae la noticia de que uno de los niños ya ha sufrido ataques de las maras, asaltaron su covacha en Las Palmas, le pusieron una pistola en la boca. La muchacha denunció el hecho en los Juzgados, hubo capturas, los capturados definieron que quien los acuso debía morir. Asi paso.

El Director de la PNC, repetido por segunda vez Director, dice que los asesinos debieron ser capturados días antes, pero no se hizo. Tambien menciona que los Policías tienen miedo, porque las maras los amenazan a muerte.

Un día de estos vamos a ver a los buses subidos en la gente, a los niños enseñando a los maestros en las escuelas, a las carretas llevando a los bueyes, y a los delincuentes gobernando el país… O ya están? O ya están trabajando en opciones de resolución… No sé. La impotencia agobia a la gente. Uno quisiera que el Chapulin colorado fuera una realidad.

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