La camisa del Inframen, un cuento de juliomartinez

Carlos había ahorrado el dinero suficiente para comprarse una camisa que había visto en el Instituto, que le gustaba y que le hacía tener sentido de pertenencia al legendario Instituto Francisco Ménendez. Pasó un mes guardando lo que le daban para el autobus y no le preocupaba caminar si eso representaba la posibilidad de tener su camisita que le identificaba con el Instituto, roja y con el alacrán. Finalmente, antier, se la compró. Regresó orgulloso a su casa con la camisa roja.

Ayer, Carlos que había salido orondo de su casa con su camisa del Ménendez, del Inframen, del Alacrán, repentinamente es asediado por Blanca Cecilia y Jonathan quienes le increpan su pertenencia al Ménendez. “A estos hijos de… hay que matarlos” gritaba Jonathan, mientras en su mano derecha brillaba la hoja de un puñal filoso que los policías no le habían detectado, porque nunca lo registraron a pesar de su imagen de malo. De asesino a sus apenas 18 años biologicos.

Blanca Cecilia, como hiena acechando a su presa, a la que no podían tomar de forma individual, sino en conjunto, en grupo, acompañaba a Jonathan en sus ataques al pobre Carlos que tenía la adrenalina subida a tope y que solo buscaba como escudarse mejor, se defendía como podía, con lo que tenía a la mano. Primero puso como escudo los cuadernos, donde escribía su esperanza de un mañana, de un futuro devenir con una profesión que le permitiera trabajar y salir de la grave situación economica de casi la mitad de las familias salvadoreñas.

La pareja de hienas arrancaron de un solo golpe los cuadernitos de Carlos, dejándolos tirados en el medio de la calle y ahora únicamente le quedaba de defensa su mochila y sus pies para correr.

Los transeuntes apenas miraban la escena y se hacían los desentendidos, los locos, los suizos, los mareados, sin voltear a una escena que se les ha hecho mas o menos común, mas o menos normal, mas o menos aceptable en el país de la sonrisa.

Carlos gritaba por auxilio y la gente estaba sorda, nadie hacía caso. Entonces decidió correr, como pudo, pero se vio solo, acorralado, impotente, hasta Gabriel Arcangel le había abandonado.

En ese instante recordó a su mamá que le había dicho por la mañana “que bonita te queda esa camisa, no la vayas a ensuciar”, miró la cara de sus hermanos, se vio a sí mismo en una noche, dando un beso a su novia, y recordó sus clases de matemáticas, recordó con suma claridad como jugaba en la calle cuando era un chiquitín, pensó que debía salir de esa situación cuanto antes, y creyó que quizá lograría resolver por la vía de la huida.

Jonathan le gritaba a la Blanca Cecilia “dale con el cincho”, mientras lanzaba los “trabones” con su mano derecha, con la cuchilla de 20 centimetros. Finalmente, cansado, exhausto, Carlos cae al suelo, la mochila rueda unos cinco metros de él, la Blanca -oscura de alma- le lanza patadas con toda su furia, mientras le grita cualquier cantidad de groserías, Carlos se ve impotente y solo alcanza a cubrir su cara con sus brazos, Jonathan entonces, como la hiena mas arrojada, más salvaje, mas enardecida, mas sedienta de sangre, se lanza sobre Carlos, le asesta la primera puñalada en el pecho, la hoja de la cuchilla pasa besando el ventrículo derecho y Carlos siente que la vida ha tomado un tren inalcanzable ya.

La segunda puñalada de Jonathan da en el rojo, en el corazón y Carlos pone los ojos en blanco, sin dolor ya, solo un entumecimiento y un sopor, como mucho sueño, como durmiéndose, las luces se apagan, Jonathan repite el ensarte dos veces más mientras Carlos está inerte, sin movimiento, sin respiración, sin hálito, sin nada.

El espíritu de Carlos se levanta desde su cuerpo, sube y desde un par de metros del suelo mira como Jonathan jubiloso, le arranca la camisa, dejando el pecho desnudo de su cuerpo con cuatro agujeros sangrantes. A pesar de lo que ha escuchado, el no siente paz en la muerte, el coraje y la impotencia lo inunda. Piensa en la tristeza de su mamá, en los pechos de su novia y en el partidito de futbol en la Cecilio del Valle, al que no asistirá.

Jonathan corre junto a Blanca Cecilia, van triunfantes, las hienas han logrado adquirir su botín y han demostrado que en esta selva de cemento, ellas mandan.

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