Tranksilk, un cuento de juliomartinez

Tranksilk era un planeta donde cada uno tenía su propia función y funcionalidad, así el mundo estaba diseñado de tal manera que nadie podía o debía equivocarse, cada paso, milimetrado; cada relación, planificada.

El desarrollo caminaba de manera sostenida, cada vez más, eran mejores las cosas que se fabricaban. Eso debido a una previsión importante: las escuelas enseñaban de manera perfecta, con tecnología y todo, lo que la gente debía saber para vivir; y sobre todo, lo enseñaban muy bien.

Cada graduado salía de su universidad con las capacidades establecidas para pasar a formar parte del mundo laboral, insertarse en él y cumplir su función: hacer.

Cómo fabricar un vehículo, cómo diseñar un estuche, cómo elaborar unos anteojos, cómo usar un taladro, cómo preparar una argamasa, cómo crear un aparato de sonido, cómo construir un  edificio, cómo guardar datos en el mas pequeño microchip, cómo fabricar un periódico, cómo construir una computadora, todo, todo, todo eso, lo enseñaba la escuela. Casi todos eran sabios en esas cosas.

También a partir de eso, en Tranksilk, las personas entraban y salían a sus horas exactas de sus trabajos, las maquinas eran capaces de informar la entrada y salida de manera justa y correcta, cada uno recibía su pago en su cuenta de banco el día y hora exacto de pago, eso era su sueldo completo, menos los pagos descontables: la cuenta del banco, el pago de la cuota del vehículo, el colegio, y demás, todo se descontaba computarizado. Los transilkianos no se miraban a la cara, no se saludaban por las mañanas, porque cada uno iba enfocado en lo que debía, pensando en su trabajo y en el producto que debía obtener al final del día.

La gente de segunda categoría era dirigida por otra gente, la de primera categoría, que tenía un próposito y una guía ordenada, secuencial de su trabajo, estas otras personas querían ganar dinero, y por eso se preocupaban que todo fuera muy preciso, y que cada uno aprendiera a hacer cosas por las que se podía ganar dinero vendiéndolas.

Los que eran dirigidos, también querían ganar dinero, pero su idea de cómo ganarlo era sirviendo a otros, los que tenían más claro como ganar más dinero. Estos se fijaban muy bien quién de todos trabajaba más y mejor, y les contrataban en convenios en donde el contratado vendía su idea, su quehacer y el alma.

El contratado pasaba a formar parte de las “cosas” que el contratante tenía.

Era muy apreciado en Tranksilk que eso fuera detallado de manera tan exacta.

Los que dirigían el sistema de educación y de producción, se habían encargado de vincular los procesos de producir y de entrenar y domesticar de manera que nadie debía hacer una cosa si no servía para la otra. El sistema perfecto.

Perfecto, de no ser porque habían transilkianos de tercera categoría, los que no podían emplearse para los de primera categoría porque no sabían hacer suficientes cosas o hacerlas perfectas.

En Transksilk, la gente pasaba los días domingo enfrente de la computadora, comunicándose con su familia y amigos por un sistema llamado Foolcom, y se enteraba de los demas, por el mismo mecanismo. Se saludaban y se daban besos y abrazos por el sistema que les mantenía comunicados. Lo que se decían el uno al otro lo recibía en el ordenador y al mismo tiempo en su teléfono.

Las fiestas eran en un salón virtual especial del Foolcom, ahí asistían todos sin salir de su casa, ni moverse de su silla. Bailaban con la música puesta en común. Se hacían guiños con mensajes escritos. No tenían temor al contagio de enfermedades porque no se daban las manos.

Tampoco padecían de los problemas de areglarse para ir al encuentro con el novio, solo bastaba con cambiar una fotografía del Foolcom y podían platicar ahi mismo, sin tener temor de que se hiciera tarde o estuvieran demorados para la cita. Los novios tenían su primera cita de la misma forma, y a veces, terminaba en sexo ese día o quizá el siguiente.

Se mandaban fotos con las que tenían orgasmos. Podían suplir sus relaciones comprando muñecos que se inflaban.

Si la relación se daba por terminada, no había problema, el Foolcom tenía unos dibujos animados que se daban la mano de manera simbólica, pero cierta. No había lagrimas, ni palabras suaves para cerrar una relación, como no había sonrisas para iniciarla.

La gente no necesitaba reflexionar ni filosofar, bastaba con hacer. Cuando la gente moría, un camión recolector era llamado por el Foolcom Garbage System y este llegaba para recoger el desecho, quiero decir a la persona.

No, no había reuniones de funeral en Tranksilk, ni día de la madre, ni del maestro, ni 3 de mayo.

En Tranksilk, cada uno hacía lo que debía hacer. La gente no lloraba, ni reía. Hacía.

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