Archivo mensual: junio 2011

A fin de cuentas… Un cuento de juliomartinez

Desde que me sacaron de la casa donde vivía, creo que no me he bañado… siento las costras en mi cuello y en los pliegues de mis brazos, piernas y pies. Hace días que no me huelo el sobaco… la última vez que lo hice estaba hediondo, con una hediondez de putrefacción.

Me doy cuenta que este olor se difunde ampliamente… es que la gente se aparta de mi camino en la calle o en las aceras, es una cosa que no me gusta mucho porque pareciera que nadie quiere hacer amistad con uno y con esto de que el hombre… bueno, la mujer, una mujer, las mujeres somos seres sociales, pues es una sensación extraña, no poder hablar con nadie, ni saludar a un vecino ni comentar lo que pasa en la calle, ni nada, ni nada.

Anoche, no comí, apenas sentí que tenía un ardorcito, aquí, aquí, ahí, cabal, cabalito. Bueno, no será la primera vez, de suerte la señora que pasó me regalo 15 centavos y con eso me compré un cafecito, que ni era café, mas bien “aguécalzón”, ni modo, ¿y qué se puede esperar de quince centavitos?

Bueno, ya me voy al mercado, quiza consigo algo por ahí, el “vecino” no se ha levantado todavía, creo que el se cubrió mejor del agua anoche, se metió bien al fondo del portal del que era cine y hoy ya no.

Sentí que me manoseó, y yo pensé, “vaya!, al fin se me hizo un tetelcazo” pero quizá no pudo o tal vez, el olorcito que ando llevando no le animó mucho. Ni modo, un día de estos me hecho unas guacaladas por ahí.

Como no es quince, está medio vacío el mercurio, bueno ni modo, me voy a ir alla por las cocinas. No, aquí no hay nada y este cuilio me quiere venir a sacar, ya sacó el garrote, la vieja, mejor me voy.

Ahhh de este lado hay una pupusería, que rico huelen las pupusas, el café, el curtido, pupusas de ayote!, de camarón!! de tunquito!!que rico se ve!!

En esa mesa estan esos tres, este que está de espaldas, está descuidado… a este le voy a robar la comida, al fin de cuentas si se lo pide no me lo va a dar, y él tiene más dinero para comprarse otro desayuno. Bueno, aquí voy (en ese momento se acercó a la mesa, agarró la taza de café ante la mirada sorprendida de los comensales, se empujó media taza de café de un solo, agarró las dos pupusas que estaban en el plato de la señora, miró a todos, ninguno dijo nada, aunque sus pensamientos se cruzaron… “pobre, tiene tanta hambre que debe robar la comida de otros”, “que mujer mas abusiva!! ¿por que no pide?”, “ve, y esta vieja”)

Bueno, hecho, este café me quemó el hocico. Hasta me quema todavía. Están ricas las `pupusas. ¿Comeré mañana?

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Remordiente, un cuento de juliomartinez

Ya llevaban una hora sentados discutiendo sobre el siguiente paso. Lo importante era como mantener el control sobre la gente, a partir de convertir el miedo en pánico, y así, lograr que nadie tuviera el coraje de siquiera voltear a mirarles. – ¿Quién no está de acuerdo con la idea? Que tenga huevos y que me lo diga. Todos se quedaron mirando unos a otros, ninguna boca se abrió para que saliera alguna palabra.

El silenció se podía escuchar como un susurro, casi como cuando el viento pasa en medio de las hojas. – Eso es, nadie se tiene que ahuevar, lo que vamos a hacer es una cosa que va a dar de que hablar durante un buen rato. Así van a aprender como funcionamos nosotros en la clica.

El Spider se levantó y le dijo al Palabrero “dame mi fierro”, éste lo volteó a ver y se levantó, camino lento y en bamboleo, se le miraban los huesos con la camisa “centro” blanca, tan sobresalientes que uno podía contar las costillas encima de la camisa, los zapatos, unos nike Cortez, ya estaban desgastados pero limpios, las calcetas blancas subían hasta la rodilla y el short negro que usaba, iba amarrado con un cincho que daba tres vueltas a la cintura.

En realidad el tipo, cuyo nombre real era Lucas (Por San Lucas, el evangelista) tenía por apodo “Tiny”, bien puesto. Abrió la cortina de uno de los cuartos, entro medio agachado y en menos de dos minutos regresó con el fierro, una Star, española, modelo P, calibre 45, una escuadra de 8 cartuchos con el de recámara.

Una cosa peor que mala, que se trababa al cuarto tiro, casi siempre. Se la puso en las manos al Spider, quien la tomó y de inmediato sintió la pesadez y la frialdad de esa pequeña máquina de matar gente, que no tenía otra intención. Sacó el cartucho y se dio cuenta que estaba cargada… la escuadra parecía una browning, de no ser por un pequeño detalle, es que estas maquinas no tenían seguro, así que era de las que no amagan.

Se saca y se dispara. Punto. Miró a los otros cuatro que ocupaban el cuarto, volvió a meter el chifle, haló hacia atrás la corredera y la retornó. Su jaina le cruzó la mente, ella y el morrito… también recordó en ese momento que la semana pasada su madrecita lo había abrazado y le había pedido que esa vida ya no era vida, que lo mejor era abandonar la clica (como si se pudiese), que no había manera de resolver eso, si no era con ayuda de Dios, que solo él podía, él y la Santísima Trinidad.

También recordó que su misión era detener el autobús que subía la cuestona del IVU, detenerlo a la mitad de la calle, bajar al motorista a quien lo esperarían abajo otro de los chavos de la mara, mientras el pedía a todos los pasajeros que se agacharan, y dispararía a los primeros cinco pasajeros en la cabeza.

El sabía que a esa hora su mama regresaba del mercado, y que siempre se sentaba adelante. Levantó la escuadra, se la puso en la sien y disparó…

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Dios sí juega a los dados, un cuento de juliomartinez

– “Primero, una enjuagada solo con agua, pura agua con el chorro a presión, después le das un enjabonada con el champu y al final una nueva enjuagada a presión, no tenes que tardarte mucho, hácelo rápido y bien. El Chele te va a supervisar unos días a ver si te sale bien la cosa”.

El “twitty” ponía atención y estaba totalmente de acuerdo, quería aprender bien el oficio de lava-carros y quedarse trabajando unos meses en el Carwash de don Pedro, y después buscarse un trabajo más formal y con mayor seguridad.

Estaba cansado de andar de allá para acá y siempre en la misma, sin pisto, sin amigos y sin familia. Antes, el Twitty había hecho de todo, barrendero, mesero, ayudante de albañil y ladrón. Hoy estaba en plan de mejor regresar a un camino sin riesgos, pobretón, pero sin riesgos.

Tomó la decisión después que vió como el Frankie había sido asesinado en una huída después de haber robado en un bus de la 30, uno de los usuarios bajó por la puerta de atrás, y sin que el Frankie lo notara, se sacó una 38 de la mochilita, le dió dos balazos en la cabeza y con tranquilidad, abrió la mochila que el ex vivo llevaba. Sacó un telefono celular, lo miró bien, y dijo “vaya pendejo, no solo te fuiste, sino que también me llevo mi telefono de regreso”.  

El hombre miró a Twitty, le apuntó, aquel se hincó, y el hombre le dijo: “No te quiero volver a ver nunca, si te subís a un bus donde yo vaya, te mato; si te veo en la calle te mato; y si te encuentro en algún lugar te mato, andate de aquí”. Como pudo, casi arrastrándose, se fue.

Ese día el Twitty no le pudo decir nada a la mujer del muerto. Solo la miró y ella entendió que algo malo había pasado.

_”No jodas pendejo, te dije que no hicieran esas mierdas, que siempre hay uno más vivo… y vos lo venías a traer para andar haciendo locuras, y hoy, ¿vos me lo vas a regresar?”

La conciencia no lo dejaba tranquilo. El temor a que le pasara lo mismo, no lo dejaba salir a ver si conseguía. Entonces decidió, dedicarse a otra osa, a cualquier otra cosa, menos a andar robando como lo hacían.

Así llego adonde don Pedro, que necesitaba un ayudante, lo miró y le preguntó sin mucho tacto:

– ¿Ya no güevias vos?.

–  Ya no quiero

– Bueno, ni se te ocurra hacer algo por aquí…

– Nombe, quiero componerme, deme chance…

Así se fue quedando. Pedro le daba seguimiento con los otros empleados, y se mantenía atento. Le ponía trampitas de vez en cuando. “Mire don Pedro, un cliente dejo en el carro su billetera”, “Se le cayó un billete de diez don Pedro”, “En el baño, alguien dejó un anillo”. Y así, todo empezó a marchar bien, Pedro estaba contento. El Twittty estaba pensando, pensando donde conseguir otro trabajo.

Y empezó a buscar, vio un anuncio en el periódico “Se busca mesero”, agarro sus papeles, y como andaba en pants, se metió la bolsita con el dui, el nit y unas fotos suyas entre el pants y el calzoncillo. Fue a la dirección del anuncio. Entró y toco una campanita que estaba en el mostrador, salió el dueño del bar, que lo miró fijamente, con ojos de asombro, como con enojo.

El twitty se subió la camiseta para sacarse los papeles, el hombre sacó una pistola y le dijo, “ah no cabrón, te dije que donde te viera, te mataba…”

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De infierno a infierno, un cuento de juliomartinez

Manuel cerró la puerta en la noche oscura y cálida. Inmediatamente encendió un candil y buscó su machete y lo puso debajo de la cama. Abrazó a su mujer y le dijo al oído “ya vamos a dejar esta mierda, esos hijos de puta creen que nos van a asustar”.

La Tere le miró a los ojos con la lucecita culera del candil. La muerte estaba en la pupila de Manuel, y ella no se lo quiso decir. Solo suspiró, como si fuera el último suspiro, se soltó de Meme y fué a arropar al chiquito, Eduardito. “Lalo, dormite ya mi´jo, yes noche y hay que levantarse temprano”.

Así se durmieron, La Tere, abrazada a Meme y Lalo pegado a la costilla de la Tere. Cuatro horas pasaron, antes de que el malo apareciera. Casi a las doce de la noche se oyó llegar un pickup. Meme despertó y pensó “¿Que hijueputa anda ay?”  Silencio.

Se levantó sin decir nada y se puso de tras de la puerta del cuarto allá en El Carrizal, de repente, la ventana se abrió y solo vió asomarse un palito, delgado, en dos segundos, estaba escupiendo fuego sobre la cama, parecía la noche del 31 de diciembre, como una reventazón, como una metralleta de diez dólares, como el gorgorito del diablo, como la voz del trueno, como un terremoto, como un ángel que llevaba dos vidas.

No pudo hacer ni decir nada, solo se escuchó, “Mire perro, ya luacabamos a ese hijueputa que creía que podía oponerse a nosotros, aquí nosotros mandamos, y nadie más y para que se sepa, dale fuego a esta casa pendeja, perro, para que lo vean todos en la noche y a nadie se le oscura no pagarnos”. Del pickup sacaron dos galonadas de gasolina y la tiraron en el techo del rancho. Le dieron fuego y se fueron con el viento que soplaba el demonio.

Meme llegó a la cama, sintió el olor a hierro de la sangre, tocó a su mujer que ni siquiera gemía. Agarró a  Lalito, que parecía un muñeco de trapo, y se dio cuenta que la vida se había ido, quizá con el pick up que había llegado. Nada podía hacer. Se limpio con la manga de la camisa las unicas dos lagrimas que le salieron, y los sacó de la casa, uno por uno los sacó. El rancho ardía en el techo, pero asombrosamente, nadie de los vecinos más cercanos, a unos cincuenta metros, salía a ver.

Los puso lejos del rancho, y decidió irse a la mas mierda de ahí. Cruzo el cafetal, llegó al río, siguió adelante mientras la noche parecía seguirle con sus ojos de negra, hasta que llegó a la pavimentada. Siguió caminando como si fuera hacia San Salvador. A lo lejos miró un caballo que era traído por un señor, vio los tinacos moviéndose. Se cruzaron y se animó a saludar

– Buenos días le de dios… ¿que hora es?

– Buenos días muchacho, son las 4 y media, ¿para donde va?

– Ejem… voy lejos, muy lejos, pero ahorita voy a la capital.

– Mire, se ve azorado usté, algo le ha pasado.

. No tiene ni idea… por eso me voy.

– Mejor súbase al bus, que ya va a venir, por ahi andan los maras, los ví allá atras, esperando a saber a quien, riéndose y borrachos. Mire, tomese un vaso de leche, todavía está caliente.

– Gracias, le agradezco, tiene razón.

Y estuvo platicando un poco de la situación, de la economía, de lo enganchado que se sentía, de las decepciones… hasta que se oyó que venía el bus a lo lejos.

Le hizo parada, agradeció al viejo haberlo acompañado y se subió al bus. Un día después estaba en Guatemala. Tres días después estaba en la frontera con México. Seis días mas tarde, estaba arriba de un tren.

– Puta, dicen que esta bestia es peligrosa.

– No jodas, aquí hay que ir cuidándose el culo con una mano y con la otra, agarrandose bien el pistío.

Frío, frío y soledad. Soledad y desconfianza. Desconfianza y temor. Temor y el recuerdo de Lalo y de la

Tere. Vida mas mierda.

La Bestia iba despacio, tan despacio que cualquiera podía subir si quería, estaban cerca de Coatzacoalcos. De repente oyo “bajéns

e todos aquí, y ninguno haga ruido ni diga nada”. Miró al tipo con la metralleta y se enteró que había por lo menos ocho de ellos con sus “cuernuechivo”.

No hay mas que hacer. Se los llevaron a todos, a los cincuenta, caminando en medio del bosque, unos quinientos metros en la montaña. Ahí los tuvieron hasta que llegaron otros cinco en una gran “troca”, y con las pistolas al cinto. Fueron llamando uno por uno “¿Tenes celular donde podemos llamar?, No? Dale mecha a este cerote, vos”, y se lo llevaban a otro lado. Meme respondió lo mismo, al fin de cuentas, el no tenía celular donde llamaran, ni Tere que lo esperara, ni Lalo a quien abrazar.

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Tranksilk, un cuento de juliomartinez

Tranksilk era un planeta donde cada uno tenía su propia función y funcionalidad, así el mundo estaba diseñado de tal manera que nadie podía o debía equivocarse, cada paso, milimetrado; cada relación, planificada.

El desarrollo caminaba de manera sostenida, cada vez más, eran mejores las cosas que se fabricaban. Eso debido a una previsión importante: las escuelas enseñaban de manera perfecta, con tecnología y todo, lo que la gente debía saber para vivir; y sobre todo, lo enseñaban muy bien.

Cada graduado salía de su universidad con las capacidades establecidas para pasar a formar parte del mundo laboral, insertarse en él y cumplir su función: hacer.

Cómo fabricar un vehículo, cómo diseñar un estuche, cómo elaborar unos anteojos, cómo usar un taladro, cómo preparar una argamasa, cómo crear un aparato de sonido, cómo construir un  edificio, cómo guardar datos en el mas pequeño microchip, cómo fabricar un periódico, cómo construir una computadora, todo, todo, todo eso, lo enseñaba la escuela. Casi todos eran sabios en esas cosas.

También a partir de eso, en Tranksilk, las personas entraban y salían a sus horas exactas de sus trabajos, las maquinas eran capaces de informar la entrada y salida de manera justa y correcta, cada uno recibía su pago en su cuenta de banco el día y hora exacto de pago, eso era su sueldo completo, menos los pagos descontables: la cuenta del banco, el pago de la cuota del vehículo, el colegio, y demás, todo se descontaba computarizado. Los transilkianos no se miraban a la cara, no se saludaban por las mañanas, porque cada uno iba enfocado en lo que debía, pensando en su trabajo y en el producto que debía obtener al final del día.

La gente de segunda categoría era dirigida por otra gente, la de primera categoría, que tenía un próposito y una guía ordenada, secuencial de su trabajo, estas otras personas querían ganar dinero, y por eso se preocupaban que todo fuera muy preciso, y que cada uno aprendiera a hacer cosas por las que se podía ganar dinero vendiéndolas.

Los que eran dirigidos, también querían ganar dinero, pero su idea de cómo ganarlo era sirviendo a otros, los que tenían más claro como ganar más dinero. Estos se fijaban muy bien quién de todos trabajaba más y mejor, y les contrataban en convenios en donde el contratado vendía su idea, su quehacer y el alma.

El contratado pasaba a formar parte de las “cosas” que el contratante tenía.

Era muy apreciado en Tranksilk que eso fuera detallado de manera tan exacta.

Los que dirigían el sistema de educación y de producción, se habían encargado de vincular los procesos de producir y de entrenar y domesticar de manera que nadie debía hacer una cosa si no servía para la otra. El sistema perfecto.

Perfecto, de no ser porque habían transilkianos de tercera categoría, los que no podían emplearse para los de primera categoría porque no sabían hacer suficientes cosas o hacerlas perfectas.

En Transksilk, la gente pasaba los días domingo enfrente de la computadora, comunicándose con su familia y amigos por un sistema llamado Foolcom, y se enteraba de los demas, por el mismo mecanismo. Se saludaban y se daban besos y abrazos por el sistema que les mantenía comunicados. Lo que se decían el uno al otro lo recibía en el ordenador y al mismo tiempo en su teléfono.

Las fiestas eran en un salón virtual especial del Foolcom, ahí asistían todos sin salir de su casa, ni moverse de su silla. Bailaban con la música puesta en común. Se hacían guiños con mensajes escritos. No tenían temor al contagio de enfermedades porque no se daban las manos.

Tampoco padecían de los problemas de areglarse para ir al encuentro con el novio, solo bastaba con cambiar una fotografía del Foolcom y podían platicar ahi mismo, sin tener temor de que se hiciera tarde o estuvieran demorados para la cita. Los novios tenían su primera cita de la misma forma, y a veces, terminaba en sexo ese día o quizá el siguiente.

Se mandaban fotos con las que tenían orgasmos. Podían suplir sus relaciones comprando muñecos que se inflaban.

Si la relación se daba por terminada, no había problema, el Foolcom tenía unos dibujos animados que se daban la mano de manera simbólica, pero cierta. No había lagrimas, ni palabras suaves para cerrar una relación, como no había sonrisas para iniciarla.

La gente no necesitaba reflexionar ni filosofar, bastaba con hacer. Cuando la gente moría, un camión recolector era llamado por el Foolcom Garbage System y este llegaba para recoger el desecho, quiero decir a la persona.

No, no había reuniones de funeral en Tranksilk, ni día de la madre, ni del maestro, ni 3 de mayo.

En Tranksilk, cada uno hacía lo que debía hacer. La gente no lloraba, ni reía. Hacía.

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Banana Flambeé, un cuento de juliomartinez

Mientras el cocinaba, cosa que estaba acostumbrado a hacer, tocaron a la puerta, pensó que a saber quien diablos era, que qué es eso de andar tocando puertas a las tres de la tarde, que eso no es de gente decente. Abrió la puerta, así como estaba con la cacerola en la mano, sin camisa, despeinado y con hambre. Era la cecilia, la vecina del frente, una cipota bonita y agradable.
– Hola!!! soy, yo… ya se que estabas aquí, te ví cuando bajaste del bus.
– Si, estoy aca dentro, estoy cocinando alguito…no he almorzado y tengo hambre.. pasa adelante…

La Cecilia era un tanto remilgosa, en su casa la conocían como “la brava”, sus hermanos y hermanas la protegían, ya que era la menor de las chicas, a pesar de todo, no le hacía falta ninguna defensa, lo único que le faltaba era con quien pelearse, pero con Cesar Augusto, ella encontraba algo que le gustaba, era quiza su estilo un tanto alejado de todo, metido en otras cosas, quiza porque vivía en un mundo extraño, de donde a veces desaparecía.
Augusto sin embargo, había armado una relación con la Cecilia, un tanto dependiente, la visitaba y hablaba con ella siempre que podía.

A él, le gustaba sentarse en la ventana y verla regar las plantas, le encantaba verla sonreir, cosa que no era tan frecuente, y además le agradecía sus pláticas con su abuela. En más de una ocasion la abuela de Augusto le había dicho, “¿ y a vos no te gusta la Cecilita? tan buena, ahi se viene a estar en las tardes conmigo en la grada”

-Esta muy bicha esa bicha abuela.
Y luego se iba de nuevo a la ventana, para verla arreglando su jardin.

La Cecilia entro a la casa, como si no, y le dijo..
– ¿Me vas a dar de lo que estas cocinando?
– Esta bicha..que molesta…

– Ya está, listo, de verdad… ¿queres un poquito?
– Si me das, sí, si no me das no.

Dejame poner música… ya está. Staying Alive de los Bee Gees sonaba, horrible, pero sonaba.

– A ver, sentate acá… a mi lado.
– Umjum, ¿que has cocinado?.
– Ahh algo que lo hice porque me gusta el dulce…lleva azucar, canelita… y guineos de seda rocíados con polvo de coco rallado, y un poquito de sorbete.
– Se ve bien.
– Ya te sirvo, tomá. ojalá te gusten.

Augusto, penso en ese momento, que esa niña, a quien miraba como niña, en realidad era mas que eso.
Que era dulce y tierna, y que a pesar de sus anteojos, sus luceros se veían maravillosos. Ella pensaba que él era fácil de querer, y que su novia de él, era una pesada, que no lo merecía, y quizá tenía razón. Mas bien eso era seguro.

– Esto tiene buen sabor.
– Si verdad, cuando los preparé, estaba pensando en vos.
– ¿Por que? ¿por la canela?
– No por lo dulcito, ¿Me dejas quitarte los anteojos?
– Sí

En ese momento Augustó pensó que ella tenía los ojos mas bellos del planeta, que el cielo estaba falto de dos estrellas y que ese brillo era celestial.

Cecilia le dijo, “¿que me miras tanto?” mientras cerraba los ojos, esperando que él se decidiera.

El ya no dijo nada, solo acercó sus labios a los de ella, ella se dejó besar, mientras pensaba “no pensé que hoy me iba a suceder” Recordó que lo miraba pasar por las tardes, y suspiraba por ese muchacho despeinado, de pantalones estrechos y con extraña forma de caminar.

El, soñó el paraíso en un instante. Quitó sus labios de los de ella.
Tomó su cuchara, corto un pedazo de banana de su plato, y le dió a probar. Ella murmuró…”que rico, ¿que es?”

– banana flambeé, se come después de un beso, para seguir sintiendo el dulzor de los labios.
– ¿Puedes darme otro?
– Y se lo dió, esta vez sus labios no se despegaron, si no cinco minutos después.

El tiempo pasó, la Cecilita y Augusto dejaron de verse, pasaron muchos años, cada uno con su vida, sin embargo… él piensa que ella sigue igual de bonita y ella cree que Augusto es mas interesante que antes. Ella sigue cerrando los ojos, esperando sus labios y él, sigue soñando el paraíso.

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Amor de lejos… Un cuento de juliomartinez

Se besaron de la manera más tierna que puede existir, y se juraron entre ellos un acuerdo, un convenio, un pacto. Él la esperaría durante los dos años de sus estudios fuera del país, mientras ella pensaría todos los días en él. Y así fue.

Yo recuerdo a este tipo, colochito, de ojos profundos, de caminar rápido, a quien de vez en cuando se le trababa la lengua, y quien usualmente se fumaba un cigarrillo de maryjane. Estudiaba en la UES, Letras para más pelos. No digo más porque se va a reconocer y lo van a reconocer. Bueno, digo algo más: el poeta más meláncolico y angustiado que he conocido.

Así que el “maestro” se dedicó durante esos dos años a escribirle cartas, poemitas bonitos, dedicarle pensamientos, mirar a otras muchachas (y en este caso, mirar está usado sin extension conceptual, es decir, mirar es mirar, no salir con ellas, ni en el sentido bíblico, “conocerlas”), apenas hablarles y conversar con los amigos, entre los cuales orgullosamente estaba el chele y yo -un trío-, con el “maestro” compartíamos muchas cosas, fumábamos, birriábamos, trabajábamos, frecuentábamos a los mismos o casi a los mismos panas, y en las tardes salíamos del trabajo a tomarnos un café en el Bella Napoles.

El otro del trío de panas era el locazo de Arcatao. Quizá el más serio de los tres, fumaba cigarrillos Rex a las cinco de la mañana, se tocaba el bigote con mucha frecuencia y caminaba lento. Estudiaba Sociología en la UCA, andaba en moto como los otros del trío, era muy reflexivo y tenía una voz suave. Por mi lado, venía de estudiar biología, estudiaba trabajo social, ya me había casado, tenía a mis primeros dos retoños: Julin y la Chelita. Me sentía serio, pero fregón, casi igual que ahora.

Ella, la novia del “maestro”, quizá, seguramente, dedicó algunos pensamientos a su amor de lejos -no sigo-, y al rato le pasó algo más en la mente y quizá en el cuerpo también, eso no sé. Ni me atrevo a elucubrar. Solo reflexiono que es posible.

Un día, el “maestro” me pidió que le echara una manita, que quería ir al aeropuerto a recoger a su noviecita, y que necesitaba que me hiciera el loco si no estaba. Yo era su responsable en el trabajo, así qué ¿cómo no?, y me dijo que tenía que conseguirse un taxi, para ir a recogerla -creo que en ambos sentidos-.

Solo demen un segundo para darle un mensaje al Beto -esto no forma parte del cuento-. Beto: si no entendés algunas partes del cuentecito es por los dobles sentidos, reversas y timonazos que voy dando, preguntame, no te quedes con la duda, ni te hagas bolas, es más, estoy dispuesto a contartelo cuando nos veamos en la universidad. Vaya, mensaje dado.

Pues sí, se consiguió el taxi, y se fue a las 10 de la mañana al Comalapa que ahora le llaman El Salvador, como si les diera pena el nombre del pueblito que le presta su nombre. Conque no me da pena a mí, que tuve una tía llamada Escolástica, a quien le decíamos la Tía Colaca. Yo deje de decirle así, cuando conocí la palabra Cloaca.

Así que… ahi estaba el “maestro” con su ramito de flores, su camisita roja de tela oxford, metida dentra del jean, sus zapatitos lustraditos, bien bañadito, con los colochos peinados y el bigotito recortado.

La fulana se bajó del avión con muchos pensamientos en su cabeza y buscando la manera de detener el corazón que galopaba como corcel desenfrenado -casi como el mío- y tratando de buscar rápidamente en el baúl de la lexicografía las palabras que calzaran perfectamente en la situación y causaran el dolor más tenue del mundo.

Recorrió los pasillos de los tuneles de tránsito del avion hacia el edificio del aeropuerto, bajo las gradas hacia migración, selló su pasaporte de entrada, sintió el calor mierda del Comalapa, recogió su maleta, no sin antes putear a la aerolínea porque esta no aparecía.

El “maestro” estaba en espera desesperante, mientras desde lejos la miraba y con una mano hacía señales y con la otra sostenía el ramos de rosas rojas que empezaban a marchitarse porque ya tenían rato de estar ahí, por el calor, porque las había comprado la noche anterior y fundamentalmente, porque las rosas tiene presentimientos y lo reflejan en sus pétalos.

Ella sacó las maletas, caminó hacia la salida, la luz de muestreo para registro de maletas le dió verde, el policía la miró pasar y le siguió el contoneo de las nalgas mientras sonreía y se volteaba a ver con el otro policía del otro carril.

El “maestro” de ojos profundos sonrió, levanto las cejas, extendió las flores que ella tomó sin asomo de pasión, él abrió los brazos y ella lo detuvo.

“Tengo otro novio que me ha venido a traer aqui, ahora mismo”. ¿Cómo pudo pasar eso? la explicación es que ella iba al cine y miraba dos películas a la vez.

Las rosas se marchitaron de manera instántanea.

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